EL OLIVO es un árbol perenne, de crecimiento lento, perteneciente a la familia de las oleáceas y cuyo nombre científico es “olea europea”. Los ejemplares más antiguos poseen un tronco grueso y en ocasiones retorcido, con protuberancias y medidas excepcionales que atestiguan su avanzada edad, ya que en condiciones favorables pueden superar los 10 m. de altura y los 8-10 m. de perímetro. El olivo se caracteriza asimismo por su robustez, pues es un árbol resistente a las sequías y a temperaturas que oscilan sobre los 10º bajo cero. Su cultivo se extiende especialmente en las regiones de clima mediterráneo, así como en aquellas zonas que presentan una climatología de características similares, con una exposición solar prolongada. La producción de su fruto se inicia hacia el quinto año de vida, estabilizándose entre los 65 y 80 años, y decreciendo su rendimiento a partir de esta edad, aunque no deja de ser productivo durante cientos de años. La floración comienza entre mayo y junio, apareciendo el fruto en los primeros meses de verano y madurando éste a finales del mes de septiembre. La recolección de la aceituna se realiza normalmente desde finales de diciembre hasta mediados de febrero, dependiendo de la zona geográfica donde se ubique el olivar. Existen un gran número de variedades de olivo en España, aunque las principales por la extensión de sus cultivos son: picudo, empeltre, hojiblanca, cornicabra, lechín, manzanilla, verdial y picual.

En cuanto a su ORIGEN, es difícil precisar con exactitud la procedencia del olivo, aunque las investigaciones más recientes apuntan hacia la Antigua Mesopotamia, 4000 a.C.(actuales Irán y Siria) como la zona geográfica desde donde comenzó su expansión hasta Europa a través de fenicios y griegos. La difusión de su cultivo en las costas mediterráneas tuvo lugar con la ocupación romana, mientras que los árabes hicieron posteriormente lo propio en la región de Andalucía. Tradicionalmente el olivo ha sido considerado como un árbol sagrado, mitológico e incluso mágico, pues diversas culturas han valorado sus cualidades y las distintas aplicaciones terapéuticas y gastronómicas de su aceite. Se han encontrado vestigios de su veneración en pueblos como el egipcio, judío, griego, fenicio, romano y árabe, entre otros. En Egipto, por ejemplo, ya se empleaba el aceite para iluminar templos, o se utilizaba perfumado en baños. Además se fabricaban coronas con ramas de olivo que se colocaban a las momias. En el Huerto de Getsemani todavía se pueden contemplar ocho olivos de dimensiones extraordinarias, cuya existencia se remonta a la época de Cristo. Según la mitología griega, se atribuye la creación del olivo a la diosa de la sabiduría, Palas Atenea, que hizo brotar este árbol con el golpe de una lanza en la disputa que mantenía con Poseidon por el control de la ciudad de Atenas. En este duelo cada uno de ellos debía presentar ante el Olimpo el regalo que fuese más útil para la Humanidad. Poseidon presentó un caballo rápido como el viento, mientras que Atenea mostró una rama de olivo, ofreciéndolo como un árbol fuerte, tan longevo que podría vivir varios siglos y cuyos frutos serían extraordinarios para el hombre. Ganó Atenea y Júpiter decidió que la ciudad de Atica se llamaría Atenas. En esta civilización, el olivo se consideraba también árbol de la fertilidad, por lo que las mujeres dormían sobre sus hojas y bajo su sombra cuando querían engendrar. Los romanos, por su parte, consideraban el “oleum” como un producto de belleza, ya que las clases altas lo utilizaban para el cuidado de la piel y el cabello. Y, en la cultura árabe su repercusión en la historia del olivo es tal que la propia palabra aceite proviene del término árabe “az-zait”, que significa “jugo de la oliva”.

En la actualidad, el olivo se sigue considerando como un símbolo de paz y de vida, con la peculiaridad de que es un árbol que se adapta a diferentes diseños paisajísticos sin perder su majestuosidad. Su fruto es un elemento indispensable de nuestra gastronomía, constituyendo uno de los pilares en que se sustenta la dieta mediterránea.

 



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